Le halló en tierra de desierto, y en yermo de horrible soledad. Lo trajo al rededor, lo instruyo; lo guardó como a la niña de su ojo. (Deuteronomio 32:10 NVI)
En este versículo, “Le” se refiere a Dios. Él gula a los israelitas que viajaban fuera de Egipto a la Tierra Prometida en Canaán. Durante su viaje, los israelitas pasaron cuarenta años deambulando por áreas desconocidas del desierto del Sinaí.
Durante este tiempo, Dios los encontró, no por casualidad, sino que Dios oyó su clamor y los rescato. Les mostro el camino con una columna de nube durante el día y una columna de fuego por la noche, para que pudieran viajar durante el día o la noche (Éxodo 13:21). Dios les dio instrucciones en dos tablas de piedra (Éxodo 20:1-17). Además los alimentaba por la mañana con mana, pan que descendía del cielo como el rocío, y carne de codorniz que volaba por la noche (Éxodo 16:8) y agua de una roca (Éxodo 17:6).
¿Hay alguna duda de que puedas confiar en Dios para suplir todas tus necesidades cuando te has perdido en el desierto? Sigue leyendo y descubrirás que cuando Dios creo el ojo humano, no fue al azar. Diseño a propósito cada estructura para tener una función especifica.
Siete huesos fuertes de la órbita forman una cuenca para albergar, proteger y sostener el ojo. Los párpados protegen de la luz solar y de objetos extraños. Ellos incluso se cierran cuando estás dormido para proteger los ojos y mantenerlos húmedos. Las cejas y las pestañas también evitan que entren cuerpos extraños los ojos.
La córnea, que es la capa más externa, protege al ojo de infección. El humor acuso proporciona humedad y alimento a la córnea y al cristalino del ojo.
¿Entonces qué piensas? ¿Puedes confiar en Dios para suplir todas tus necesidades cuando te has perdido en el desierto? ¡Crees que Dios puede! ¡El te está buscando! Vuélvete a Él y deja que Él te guíe, te instruya, te alimente y te proteja. ¡Eres la niña de los ojos de Dios!