September 2020 Blog
Porque ella dijo: “Si tocare tan solamente sus vestiduras, estaré bien hecho”. (Marcos 5:28 NVI)
Jesús llegó a la orilla de un lago y una gran multitud se reunió a su alrededor. En la multitud había un importante líder de una sinagoga local llamada Jairo. Cayó a los pies de Jesús y le suplicó que fuera a su casa y curara a su hija. Así que Jesús fue con él.
La gran multitud siguió a Jesús y se apretó a su alrededor. Entre los que rodeaban a Jesús había una mujer que había estado sangrando durante doce años. Ella había buscado tratamiento de muchos médicos y gastó todo lo que tenía. Pero en vez de mejorar, empeoró. Estaba físicamente exhausta y socialmente condenada al ostracismo. En la cultura judía era impura. Tenía miedo de ser reconocida entre la multitud. Pero ella había oído que Jesús dijo que nadie es indigno de ser amado. Así que eligió creer en Jesús y se abrió paso entre la multitud diciendo, ” Si tocare tan solamente sus vestiduras, estaré bien hecho.”
E inmediatamente el flujo de sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su enfermedad. Jesús también sintió su toque. Inmediatamente, Jesús se dio cuenta de que el poder había salido de él y preguntó quién lo había tocado. Sabiendo lo que le había sucedido, la mujer vino y cayó a sus pies. Temblando de miedo, le dijo toda la verdad y Jesús le respondió: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz y queda sana de tu azote.”
¿Sabías que la punta de tus dedos es una de las zonas más sensibles de tu cuerpo? Cuando Dios te creó, no colocó receptores táctiles al azar en todo tu cuerpo. Los colocó con mayor densidad en los lugares donde más se necesitan. Cada punta de dedo tiene más de 3.000 receptores táctiles que llevan mensajes a tu cerebro a una velocidad de 76 m/s o alrededor de 170 mph! Piensa en cómo los receptores táctiles te protegen de quemaduras graves. Tan pronto como tocas una llama caliente, antes de que tengas tiempo de pensar en ello, alejas tu mano del fuego. Los masajistas usan los receptores de tacto para identificar manualmente las áreas que necesitan más o menos presión. Los padres aplican un toque relajante para calmar a su bebé que llora. Los discapacitados visuales confían en su sentido del tacto cuando usan un bastón para delinear los entornos y evitar obstáculos. Sus receptores táctiles también les ayudan a leer en Braille y a reconocer caras y objetos.
¿Alguna vez te has sentido más allá de la esperanza? ¿Buscando ayuda durante años, pero sin éxito? ¿Físicamente exhausto, socialmente excluido o sin amor? Recuerden el comienzo de esta historia. ¿Adónde iba Jesús? A la casa de Jairo, un hombre importante en la comunidad. ¿Por qué iba Jesús allí? Para curar a la hija de Jairo. ¿Se tomó Jesús el tiempo de detenerse y reconocer a la mujer que se acercó a él? ¡Sí! Jesús habló con ella y a sanó. Crees como ella, que a los ojos de Jesús, nadie es indigno de ser amado. ¡Acércate a Jesús y sé sanado! ¡É está a un solo toque de distancia!