13 Tú creaste mis entrañas;
me formaste en el vientre de mi madre.
14 ¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas
y esto lo sé muy bien!
15 Mis huesos no te fueron desconocidos
cuando en lo más recóndito era yo formado,
cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.
16 Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
todo estaba ya escrito en tu libro;
todos mis días se estaban diseñando,
aunque no existía uno solo de ellos.
(Salmos 139:13-16, NVI)
El genoma humano contiene aproximadamente 3.000 millones de pares de bases de ADN empaquetados en 23 cromosomas. Todas las células del cuerpo humano (excepto los óvulos femeninos y los espermatozoides masculinos) contienen 23 pares de cromosomas. Esto hace un total de 6.000 millones de pares de bases de ADN por célula. Dado que cada par de bases tiene una longitud aproximada de 0,34 nanómetros, cada célula humana contiene aproximadamente 2 metros de ADN [0,34 × 10-9) × (6 ×109)]. ¿Cómo es posible que todo este ADN quepa en el núcleo de una célula?
Cuando Dios nos creó, siempre hizo coincidir la estructura con la función. Nada fue imprevisto o caótico. La respuesta a esta pregunta está en el hecho de que el ADN contiene unas proteínas llamadas histonas. El ADN se enrolla alrededor de estas proteínas como cuentas de un collar para formar la cromatina. Las espirales de la cromatina se pliegan para formar bucles que se enrollan y empaquetan para formar un cromosoma.

La estructura del ADN no sólo es importante para el empaquetamiento, sino también para la división celular. Cada vez que la célula se divide en 2 nuevas células, los cromosomas deben desenrollarse en cromatina para que ésta se replique antes de que la célula se divida. Durante la división celular, la cromatina se condensa en cromosomas para que uno de cada par de 23 cromosomas sea donado a cada célula hija. Esto garantiza que cada nueva célula hija tendrá la misma cantidad de ADN que la célula madre.
Cada uno de los 23 cromosomas tiene regiones específicas de ADN llamadas genes. Los genes codifican las células para que produzcan proteínas específicas. Por ejemplo, las células del páncreas producen la hormona insulina. Las células de la piel y el cabello producen la proteína melanina, que determina el color de la piel y el cabello. Para que el código se exprese en la célula, el ADN de ese gen tiene que desenrollarse en la cromatina. Una vez producida la proteína, la cromatina de ese gen se enrolla y vuelve a su forma condensada en el cromosoma.

Para terminar, he aquí otro dato asombroso sobre el ADN. Se calcula que el cuerpo humano contiene unos 50 billones de células. Esto equivale a 100 billones de metros de ADN por ser humano. Ahora, consideremos el hecho de que el Sol está a 150.000 millones de metros de la Tierra. Esto significa que cada uno de nosotros tiene suficiente ADN para ir de aquí al Sol y volver más de 300 veces, o dar la vuelta al ecuador de la Tierra ¡2,5 millones de veces!
En efecto, Dios es el Maestro Tejedor. Él produjo el hilo de la vida y lo tejió para formarte a ti. ¡La obra maestra de Dios!
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