Spanish Category

El aliento del Cielo

El sacrificio de Cristo, ofrecido una vez y para siempre

10 La Ley es solo una sombra de los bienes venideros, no la presenciamisma de estas realidades. Por eso nunca puede, mediante los mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, hacer perfectos a los que adoran. De otra manera, ¿no habrían dejado ya de hacerse sacrificios? Pues los que rinden culto, purificados de una vez por todas, ya no se habrían sentido culpables de pecado. Pero esos sacrificios son un recordatorio anual de los pecados, ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dijo:

«A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas;
    en su lugar, me preparaste un cuerpo;
no te agradaron ni holocaustos
    ni sacrificios por el pecado.
Por eso dije: “Aquí me tienes
    —como está escrito en el libro—.
He venido, oh Dios, a hacer tu voluntad”». ( Salmos 40:6-8, NVI)

Primero dijo: «Sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones por el pecado no te complacen ni fueron de tu agrado», a pesar de que la Ley exigía que se ofrecieran. Luego añadió: «Aquí me tienes: He venido a hacer tu voluntad». Así quitó lo primero para establecer lo segundo. 10 Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre. (Hebreos 10:1-10, NVI)

El Viernes Santo, tres días antes de Pascua de Resurrección, se celebra en recuerdo de la crucifixión y muerte de Jesucristo en la cruz. En el pasaje bíblico anterior, el escritor del libro de Hebreos explica por qué Jesús sufrió y murió hace más de 2000 años. Bajo el antiguo pacto, Dios había dado a su pueblo una manera de ser limpiado de sus pecados.  Pero este sistema de sacrificios era sólo temporal, hasta que Dios entregó a su único hijo, Jesús, para sacrificar su vida por nosotros de una vez por todas.

16 »Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. (Juan 3:16-17, NVI)

Puede ser fácil leer las palabras «Dio a su… Hijo» en Juan 3:16 sin reflexionar plenamente sobre cómo fue dado. La Pascua de Resurrección es una fiesta bonita: flores bonitas, vestidos bonitos, comida y postres deliciosos. Y así debe ser. La Pascua de Resurrección, una celebración de la resurrección, un reconocimiento de que Aquel que murió por nosotros ahora vive. El milagro del perdón y la promesa de la vida eterna son hermosos.

Pero el sacrificio del Viernes Santo no fue nada bonito. La muerte por crucifixión era, por diseño, un proceso largo. Finalmente, una persona crucificada moría por asfixia debido a la incapacidad de respirar adecuadamente. El peso del cuerpo, soportado por los brazos y el pecho estirados, limitaba la expansión pulmonar y dificultaba la exhalación. Los que colgaban de una cruz trataban de impulsarse con los pies para recuperar algo de aliento, razón por la cual los soldados de guardia acabaron rompiendo las piernas de los dos hombres crucificados con Jesús. Sus muertes se prolongaban demasiado.

La respiración es controlada voluntariamente por los músculos del pecho y el abdomen. El diafragma es el principal músculo de la respiración. Es un músculo en forma de cúpula situado debajo de los pulmones, que separa la cavidad torácica de la abdominal.  Al inspirar, el diafragma se contrae y se desplaza hacia abajo. Esto aumenta el espacio en la cavidad torácica, permitiendo que el aire entre y expanda los pulmones.  Al espirar, el diafragma se relaja y recupera su forma de cúpula.  A medida que el aire sale de los pulmones, éstos se desinflan por sí solos, de forma parecida a como se desinfla un globo elástico si se deja abierto al aire.

El Viernes Santo no fue un espectáculo agradable pero el sacrificio de Jesús fue bueno para nuestra salvación y perdón de nuestros pecados. Tres dias después Jesus dejo la tumba vacia para llenar el vacio de nuestros corazones.

Antes de ascender al cielo, Jesús dirigió estas palabras a sus discípulos.

44 Luego dijo:

—Cuando todavía estaba yo con ustedes, les decía que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.

45 Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.

46 —Esto es lo que está escrito —les explicó—: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día; 47 y en su nombre se predicarán el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. 48 Ustedes son testigos de estas cosas. 49 Ahora voy a enviarles lo que ha prometido mi Padre, pero ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos del poder de lo alto. (Lucas 24:44-49, NVI)

Este mensaje final de Jesús a sus discípulos es también para ti y para mí. Por el poder del Espíritu Santo, comparte la buena nueva y lleva esperanza a un mundo roto. En cada oportunidad que tengamos compartamos las buenas noticias de salvación y perdón de nuestros pecados.

Leave a comment