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Lee la Palabra de Dios

Jesús responsabilizó a las personas de leer y conocer las Escrituras. ¿Por qué? ¡Sigue leyendo y encontrarás la respuesta!

En Juan 5:1-18, leemos que Jesús sanó a un hombre que había estado inválido durante 38 años en el estanque de Betesda, en Jerusalén. Este era un lugar donde se reunían muchos enfermos con la esperanza de que las aguas agitadas los sanaran. Jesús le preguntó al hombre si quería sanarse, y cuando este le explicó que no podía entrar al agua, Jesús le ordenó: «Levántate, toma tu camilla y anda». El hombre se sanó al instante, tomó su camilla y caminó.  Llevar la camilla en sábado infringía la ley judía, y este milagro demostró el poder de Jesús para sanar y su autoridad sobre la ley judía.

Los líderes judíos comenzaron a perseguir a Jesús. En su defensa, Jesús dijo que Él hacía la obra de su Padre, que siempre está trabajando, por lo que Él, Jesús, también está trabajando. Esto enfureció aún más a los líderes judíos, porque ahora Jesús llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios. Después de defender su autoridad para sanar a las personas en sábado, Jesús habla de la evidencia que respalda su afirmación de ser el Mesías.

Testigos de Cristo

31 Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32 Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. 33 Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34 Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; sin embargo, digo esto para que vosotros seáis salvos. 35 Él era antorcha que ardía y alumbraba, y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. 36 Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan: las obras que el Padre me dio para que cumpliera, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. 37 También el Padre, que me envió, ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, 38 ni tenéis su palabra morando en vosotros, porque no creéis a quien él envió. 39 Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida. (Juan 5: 31-39, Reina-Valera 1995)

¡Ahí está! Ahí está la respuesta a por qué Jesús nos hace responsables de leer y conocer las Escrituras. ¡Porque las Escrituras dan testimonio de Él! Los líderes judíos no entendieron el sentido de leer las Escrituras. No se trataba solo de un acto de obediencia para cumplir las leyes judías, sino de leer las Escrituras para conocer la verdad de Dios, ¡que Jesús es el Mesías!

Los lectores experimentados utilizan e integran varias regiones de su cerebro, principalmente en el hemisferio izquierdo.

• La región parietal-temporal, que se encarga de descomponer una palabra escrita en sus sonidos (es decir, análisis de palabras, pronunciación de palabras).

• La región occipital-temporal, donde el cerebro almacena la apariencia y el significado de las palabras (es decir, reconocimiento de letras y palabras, automaticidad y comprensión del lenguaje). Esto es fundamental para una lectura automática y fluida, de modo que el lector pueda identificar rápidamente las palabras sin tener que pronunciarlas una por una.

• La región frontal, que permite a una persona hablar (es decir, procesar los sonidos del habla mientras escuchamos y hablamos).

Es fundamental recordar que, aunque se puede identificar que diferentes regiones del cerebro desempeñan funciones específicas en el proceso de lectura, múltiples partes del cerebro colaboran durante la lectura. Cada tipo principal de información durante la lectura está respaldado por una red de estructuras cerebrales, en lugar de estar localizado en una sola área; cada área del cerebro responde y participa en el procesamiento de múltiples tipos de información.

El cerebro de cada niño tiene que cambiar su forma de funcionar a medida que aprende a leer. Para la mayoría de los estudiantes, la enseñanza y la práctica durante los primeros grados de primaria son suficientes para «entrenar» las regiones del cerebro que intervienen en el aprendizaje de la lectura. Las investigaciones con imágenes cerebrales han revelado cambios anatómicos y funcionales en los lectores con un desarrollo típico a medida que aprenden a leer. Los patrones de activación en las áreas del cerebro serán diferentes dependiendo de la capacidad lectora del estudiante.

Por ejemplo, los lectores principiantes muestran más actividad en la región parietal-temporal (análisis de palabras), mientras que los lectores más experimentados se vuelven cada vez más activos en la región occipital-temporal (reconocimiento de palabras). Las experiencias lingüísticas enriquecedoras en las primeras etapas de la vida contribuyen a que el cerebro sea más receptivo a la adquisición de habilidades de lectura (habilidades como la conciencia fonológica, la decodificación y el reconocimiento de palabras).

Al igual que aprender a leer es un proceso, también lo es leer y comprender las Escrituras. Leer y estudiar las Escrituras puede aportar diferentes perspectivas y significados. Se nos ha dado el don del Antiguo Testamento, las Escrituras que profetizan la venida de Jesús, así como el Nuevo Testamento, que es el cumplimiento de esas profecías.

PROFECÍAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO QUE SE CUMPLEN EN EL NUEVO TESTAMENTO

14 Por tanto, el Señor mismo os dará señal:
La virgen concebirá
y dará a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Emanuel. (Isaías 7:14, Reina-Valera 1995)

22 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: 23 «La virgen concebirá y dará a luz un hijo y lo llamarán Emanuel»[a] (que significa «Dios con nosotros»). (Mateo 1:22-23, NVI)

Porque nos ha nacido un niño,
    se nos ha concedido un hijo;
    la soberanía reposará sobre sus hombros
y se le darán estos nombres:
    Consejero Admirable, Dios Fuerte,
    Padre Eterno, Príncipe de Paz.
Se extenderán su soberanía y su paz
    y no tendrán fin.
Gobernará sobre el trono de David
    y sobre su reino,
para establecerlo y sostenerlo
    con justicia y rectitud
    desde ahora y para siempre.
Esto lo llevará a cabo
    el celo del Señor de los Ejércitos. (Isaías 9:6-7, NVI)

35 Y el ángel dijo:

—El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios. (Lucas 1:35, NVI)

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